Las músicas de El Rey Lear

Participar en un montaje teatral es algo que no acostumbra a estar entre los proyectos de un organista, pero a veces hay sorpresas agradables y una de ellas me ha llevado a formar parte del reparto que hasta finales de febrero representa El Rei Lear de Shakespeare en el Teatre Lliure de Barcelona. Bajo la dirección de Lluís Pasqual, con Núria Espert como protagonista y con dirección musical de Daniel Espasa, el montaje ha resultado ser una de las citas ineludibles de la cartelera de Barcelona esta temporada.

Nuria Espert, como El Rey Lear

Daniel Espasa ha compuesto varias piezas de acuerdo con las indicaciones de Lluís Pasqual, que ha sido fiel y ha traído a nuestros días las pautas que el mismo Shakespeare da en sus obras teatrales, donde la música tiene una presencia imprescindible (se puede encontrar más información en este artículo). Así, sus composiciones incluyen desde un rap que entona el bufón hasta una polifonía a cuatro voces sobre textos del apocalipsis, que suena en la escena de la tempestad, en la que Lear se vuelve loco, y en el duelo con el que concluye la obra.

Dejando de lado a los críticos que se han limitado a hacer caso omiso de la parte musical del espectáculo, cabe decir que la acogida ha sido francamente buena, como puede comprobarse en estos artículos de El País y la Revista Musical Catalana.

Yo aporto, desde mi órgano positivo, una cierta continuidad a lo largo de toda la obra. De alguna forma, aquí el órgano no funcionar como en una misa, donde se convierte en ese hilo que une las diferentes perlas que componen la liturgia. Solo que aquí en lugar de una celebración religiosa encontramos un muestrario de pasiones humanas.

Las referencias que he escogido son muy variadas: el texto de Shakespeare, tan rico y lleno de matices, lo requiere.

Así, la primera intervención, con un Lear solemne repartiendo su reino entre sus hijas, está extraída de uno de los Wesendonk lieder de Wagner, que más tarde se convertiría en la introducción al tercer acto de Tristán e Isolda.

Otro momento breve, pero intenso, es aquél en el que Kent es preso por las hijas de Lear. Ahí se trataba de ilustrar sonoramente el paso del tiempo, del día a la noche y de nuevo al día, en unos pocos segundos. Las sinestesias de Messiaen me sirvieron de inspiración:

 

Para el inquietante personaje de Edgar he usado como leitmotiv un efecto que logro apagando el motor del órgano, que cosa que hace que el fuelle pierda presión y el sonido se vea afectado por ello. Es un efecto que usa, por ejemplo, Arvo Pärt en Annum per Annum


 

Hacia el final, cuando Lear se ha reencontrado y reconciliado con Cordelia, ésta pide a los dioses que curen al rey con la armonía que ellos han creado. Para este momento he optado por una improvisación en forma de coral al estilo de Bach, basada en el Vater Unser:

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